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January 12, 2018 | Author: Anonymous | Category: Documents
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Full-Text Paper (PDF): Reseña de "Tratado de Geografía Humana" de ... de la Geografía Humana actual no desde l...

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Cuadernos Geográficos ISSN: 0210-5462 [email protected] Universidad de Granada España

Frolova, Marina; Lara, Juan Jesús Reseña de "Tratado de Geografía Humana" de Daniel Hiernaux y Alicia Lindón (dirs.) Cuadernos Geográficos, núm. 40, semestral, 2007, pp. 221-230 Universidad de Granada Granada, España

Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=17104013

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TRATADO DE GEOGRAFÍA HUMANA1 La obra Tratado de Geografía Humana, dirigida por profesores-investigadores Alicia Lindón y Daniel Hiernaux Nicolas y publicada por Anthropos Editorial (Barcelona) en coedición con la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa (México) se plantea como una síntesis de los avances del conocimiento geográfico a nivel internacional y en las distintas tradiciones del pensamiento, sobre todo de la geografía iberoamericana, aunque algunos de sus autores son francófonos con apertura e integración a otras tradiciones. Las trayectorias científicas de los mismos directores de la obra reflejan su carácter inter, o más bien, transdisciplinar y transnacional. Alicia Lindón, licenciada en Geografía por la Universidad de Buenos Aires y doctora en Sociología por El Colegio de México, y Daniel Hiernaux Nicolas, máster en Ciencias y Programación Urbana y Regional por la Universidad de Lovaina y doctor en Geografía por la universidad de la Sorbona-Paris III, han sido unos de los principales impulsores de la creación de licenciatura en Geografía Humana en la División de Ciencias Sociales y Humanidades, UAM-Iztapapala, con marcado carácter interdisciplinar y el Tratado se ha publicado en el marco de una serie de tratados disciplinarios que ha puesto en marcha el Departamento de Sociología de la misma universidad. Es interesante señalar que la obra que se reseña lleve el mismo título que la primera edición española del Tratado de Geografía Humana de Max Derruau2 que repasó los temas tradicionales de geografía desde la perspectiva histórica de un solo autor. No obstante el objetivo del Tratado… dirigido por A. Lindón y D. Hiernaux es distinto: dar una visión dinámica y prospectiva (abierta al futuro) del conocimiento de la Geografía Humana actual. Por un lado, los autores nos ofrecen una visión renovada del conjunto de los campos de la Geografía Humana desde diferentes perspectivas disciplinares e internacionales, haciendo referencias a lo que ocurre en otras ciencias sociales y a lo que interesa a otras disciplinas en el campo en cuestión. Por otra parte, los diferentes capítulos de la obra tratan muchos temas vigentes de geografía general, como paisaje, sistemas de información geográfica, etc. Como se señala en la introducción del Tratado…, en tres últimas décadas, la geografía humana ha experimentado transformaciones significativas, que cobran mayor profundidad en el contexto de crisis de las paradigmas más consolidados de las ciencias sociales y, en particular, a la luz del denominado «giro cultural», que planteó el redescubrimiento de la dimensión cultural en la geografía y su presencia, de una forma u otra, en casi todos los campos de la disciplina. La idea de producir este Tratado surgió en el contexto en el cual el objeto mismo de la geografía, el espacio o la

1. HIERNAUX, Daniel y LINDÓN, Alicia (dirs.): Tratado de Geografía Humana. Barcelona: Anthropos Editorial-México: Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, 2006. 2. DERRUAU, M. (1964): Tratado de Geografía Humana. Barcelona, Vicens-Vives [1.ª ed. En francés publicada por Armand Colin, 1961]. Traducido en castellano en 1961. Cuadernos Geográficos, 40 (2007-1), 221-230

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espacialidad de la vida social, parece florecer en el conjunto del conocimiento y atraer muy diversas miradas procedentes de distintas disciplinas. No nos parece, de ningún modo, un tradicional manual de la Geografía Humana, como lo es, por ejemplo, la obra de R. Puyol, J. Estebanez y R. Mendez (1988)3, con sus característicos capítulos sobre la población, los espacios rurales y urbanos y los industriales. Los directores del libro han elegido abordar la difícil tarea de presentación de la Geografía Humana actual no desde las tradicionales «ramas de la geografía», «ya que éstas casi siempre dan cuenta de esos ámbitos o recortes de la realidad geográfica más o menos nítidos, o al menos posibles de demarcar» (p. 17), sino desde un concepto complejo de «campos de la geografía», que aparte de esos ámbitos (ciudad, industrias, comercio, salud…) incorpora otros aspectos, como las formas de estudiarlos, el tipo de mirada con la cual estudiarlos, etc. Tampoco se parece el Tratado a las obras de referencia en inglés de R. J. Johston (1983)4 sobre la Geografía Humana y de K.J. Gregory (1985 y 2000)5 sobre la Geografía Física que nos han dado una visión dinámica y rica de evolución de diferentes campos de geografía. No obstante, estas obras se centraban sólo sobre el análisis de diferentes tendencias de la geografía estadounidense y británica, en menor medida, de la australiana, canadiense y nuevo zelandesa, aunque se encontraban algunas referencias a las aportaciones de unos geógrafos europeos (sobre todo, en la obra de Gregory (1985) sobre los trabajos de los soviéticos, alemanes y franceses). Además, el libro de R.J. Johston (1983), en particular, no pretendía describir diferentes campos de la Geografía Humana, ni establecer puentes con la Geografía Física, que según él, tenía una relación muy distante con la humana. A la diferencia de la obra de Johston, los directores del Tratado se comprometen de no caer en planteamientos como los que son tan frecuentes en las monografías geográficas estadounidenses, «donde se revisa y analiza «todo» lo producido en ese contexto nacional sobre un cierto tema y se lo presenta como si fuera todo lo hecho en geografía en ese tema a nivel del mundo» (pág. 13). Por el contrario, todos los autores han realizado el esfuerzo de reconstruir el campo, al menos dentro de dos tradiciones fuertes, entre las cuales se ha constituido la geografía humana contemporánea: la anglosajona y la francófona, cuando no han sido tres. Muchos de los colaboradores de la obra también destacan la iberamericana como una tercera tradición geográfica, híbrida por su naturaleza, que se está constituyendo (o se ha constituido), tomando elementos de otras dos tradiciones. Además, la abundante y más actual bibliografía en diferentes idiomas (aparte de las obras en español e inglés, que abarcan todo la producción geográfica más novedosa de los países iberamericanos, anglosajones y de 3. PUYOL, R., ESTEBANEZ, J. y MENDEZ, R. (1988): Geografía Humana. Madrid, Cátedra, 727 págs. 4. �������������������������������������������������������������������������������������� JOHSTON, R.J. (1983): Geography and geographers: Anglo-American Human Geography since 1945. London, Edward Arnold (1º ed. 1979). 5. ������������������������������������������������������������������������������������������ GREGORY, K.J. (1985): The Nature of Physical Geography. Londres, Edward Arnold y GREGORY, K.J. (2000): The Changing Nature of Physical Geography. Londres-Nuevo York, Oxford University Press, 2000, 368 págs. Cuadernos Geográficos, 40 (2007-1), 221-230

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Europa de norte, se encuentran las referencias a trabajos en francés, alemán, italiano, ruso), que se propone en cada capítulo del Tratado nos facilita una valiosa información sobre los avances de diferentes campos de la geografía humana en diferentes contextos nacionales y nos deja libertad para hacer nuestra propia reflexión sobre los nuevos horizontes de la disciplina en cuestión. Por otra parte, la obra establece un puente importante entre la Geografía Humana y la física, por lo menos, en una ocasión: en su capítulo, dedicado al paisaje. Por su formato y su enfoque el Tratado de Geografía Humana está a contracorriente de las tendencias académicas y editoriales actuales. Primero, porque a pesar de las últimas tendencias de ganar en especialización sin ninguna —o muy escasa— preocupación por las visiones amplias y por lo holístico, este libro aborda un amplio espectro de campos de la Geografía Humana en vez de especializarse en algunos. Segundo, a pesar de las tendencias editoriales que priorizan cada vez más el libro de formato pequeño, que «permite» una lectura más ágil, es una obra extensa de algo más de 650 páginas. El libro queda estructurado en tres bloques diferenciados (campos tradicionales, campos emergentes y ejercicio profesional), pero al mismo tiempo muy interrelacionados entre ellos por los temas transversales y puentes de distintos tipos, como, por ejemplo el tema de paisaje, el de la vida cotidiana, el de lo cultural, de urbano, de genero, el del turismo y ocio, las religiones. Se puede estar o no estar de acuerdo con la ubicación de tal o cual campo en uno u otro apartado, pero lo cierto es que los autores justifican en cada caso concreto (en la introducción y/o muchas veces, en diferentes capítulos de la obra) por qué tal o cual campo de la geografía humana se clasifica como el tradicional, el emergente o el profesional. En un breve recorrido de algunos de los capítulos del Tratado que presentamos en continuación no pretendemos abordar con el mismo detalle todos los campos de geografía que ofrece este libro. En algunos casos, nuestro análisis es más extenso que se explica por importancia atribuida a ellos por los directores del Tratado o simplemente por nuestras preferencias personales. La primera parte, dedicada a los campos tradicionales de geografía humana, se investigan diferentes campos consolidados de Geografía Humana —la Geografía regional, la rural, la urbana, la económica, la de la población, la histórica, la «geopolítica», la política, la cultural y la del paisaje—, se inaugura con el capítulo, dedicado a la Geografía regional. Jacobo García Álvarez esboza los «elementos definitorios» de la tradición regional de análisis geográfico y presenta un panorama actual de la disciplina en el contexto de la revisión y reivindicación de la geografía regional clásica. Además de unas interesantes reflexiones sobre retos presentes y de futuro el autor aporta una valiosa bibliografía de casi 10 páginas, con obras de diferentes procedencias (europeas, latinoamericanas y estadounidenses) publicadas en las últimas tres décadas. Ángel Paniagua, en el capítulo 2, revisa las principales etapas de evolución de la Geografía rural: primera, en la que la Geografía rural está íntimamente ligada a la Geografía regional; segunda, de renovación y autonomía de la disciplina ligada al positivismo y estructuralismo y la tercera, que se asocia a la influencia de las corrientes ambientales y ético-reflexivas. La última parte, dedicada al repaso de los nuevos temas Cuadernos Geográficos, 40 (2007-1), 221-230

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de la Geografía rural nos parece demasiado breve, sobre todo en lo que se refiere, al análisis de recientes cambios del espacio rural, que está perdiendo su coherencia y cada vez está más relacionado con la realidad urbana y su imagen socio-cultural. Parece importante completar este capítulo con análisis de algunos conceptos novedosos de las últimas décadas tales como población retornada, neorrurales, rururbanización y naturbanización, relacionados con nuevos modelos en la movilidad residencial que «beneficiarían» a las áreas rurales6. Un campo a que se da especial importancia en esta parte es el de la Geografía urbana, a que se dedican dos capítulos: un capítulo sobre el campo en sí (de C. Carreras y A. García Ballesteros) y el otro en el cual se explora la Geografía urbana en América Latina (de D. Hiernaux y A. Lindón), además de estar incluido implícita y explícitamente este tema en otros capítulos del libro. Como explican los directores de esta obra, este hecho se debe a dos circunstancias, por un lado la tendencia a la urbanización de toda la superficie terrestre y el desarrollo en América Latina de algunos de procesos de urbanización más complejos y desbordantes del mundo. Por otro lado, este fenómeno ha conllevado con él la articulación de la Geografía urbana con otras disciplinas y que en esta interdisciplinaridad es cada vez más difícil identificar lo estrictamente geográfico de lo urbano y lo no geográfico. El capítulo La Geografía Urbana de C. Carreras y A. García Ballesteros supone una síntesis, muy medida, sobre la evolución y nuevas tendencias en esta rama de la Geografía Humana. Los autores, tras señalar las coordenadas generales que definen el actual proceso de urbanización, repasan, en un primer punto, los pasos dados por la Geografía urbana y, en otro, sus principales temas de actualidad. En el primer punto reseñan las aportaciones de los geógrafos alemanes, franceses y anglosajones principalmente y, en menor medida, de españoles, rusos, belgas, italianos y portugueses. Se destacan aquellas figuras y obras que marcaron un hito en la maduración de la Geografía urbana, tales como: Ratzel, Griffith Taylor, Raoul Balnchard, George Chabot, R.E. Dickinson, W. Christaller, B. Berry, P. George... Los autores se muestran interesados por delimitar las principales escuelas que funcionaban, destacando de cada una de ellas el modo de abordar los estudios urbanos, los temas de interés y su nivel de influencia en los geógrafos de otros países; de hecho, este sería uno de los aspectos a destacar en esta evolución, el haber pasado de una etapa donde las tendencias y los problemas estaban bien definidos por las escuelas geográficas, a otra, la etapa actual, donde «se difuminan las fronteras de las escuelas y la investigación se restringe a grupos cada vez más reducidos que se relacionan en redes internacionales».

6. Véase los artículos de: NOGUÉ FONT, J. (1988): «El fenómeno neorrural», en Agricultura y Sociedad, 47, págs. 145-175; RODRÍGUEZ EGUIZABAL, A.B. y TRABADA, X.L. (1991): «De la ciudad al campo: el fenómeno neoruralista en España» en Política y Sociedad, 9, págs. 73-86; y PRADOS VELASCO, M.J. (2006): «Los Parques naturales como factor de atracción de la población. Un estudio exploratorio sobre el fenómeno de la naturbanización en Andalucia», en Cuadernos geográficos, Universidad de Granada, 38 (2006-1), 87-110. Cuadernos Geográficos, 40 (2007-1), 221-230

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Así, en el segundo punto: «Los estudios urbanos hoy» se destaca el carácter fragmentario que, en la actualidad, presentan las investigaciones geográficas urbanas; habiéndose perdido la cohesión, en cuanto a métodos y temáticas. Siguiendo la misma línea exploratoria de diferenciar los estudios de la ciudad, de los estudios de las ciudades, los autores plantean la perdida de importancia que vienen experimentando estos últimos, mientras que en los estudios sobre la ciudad se ha instalado, de manera dominante, una preocupación medioambiental. Es pues, la ciudad como ecosistema, lo que proporcionaría el respaldo teórico a la amplia, rica, diversa y compleja problemática que, actualmente, está presente en el análisis geográfico de la ciudad. El capítulo de Daniel Hiernaux y Alicia Lindón «Geografía Urbana: Una mirada desde América Latina» ofrece, en treinta y tres páginas, una visión mucho más detallada de lo que ha sido el desarrollo de la Geografía urbana en Latino América. El análisis se descompone en tres puntos: antecedentes; tendencias y orientaciones y, el tercero, los temas innovadores. En primer lugar, acertadamente, los autores justifican la presencia de este capítulo específico por la importancia del proceso de urbanización en América Latina, así como por la peculiaridad de los problemas que se experimentan en sus ciudades. En el apartado de antecedentes los autores se refieren a aquellos geógrafos europeos, como Humboldt, Eliseo de Reclus, Pierre Deffontaines que contribuyeron a impulsar los estudios de Geografía Humana en estos países. Los autores se interesan por marcar los ámbitos de influencia que estas figuras establecieron. Hecho que será determinante en la filiación que la Geografía pase a ocupar entre las ciencias naturales o humanísticas y, consecuentemente, el que la preocupación por los temas urbanos aflore con mayor o menor prontitud. Sistemáticamente se presenta el surgir de la Geografía en los diferentes países; Brasil, México, Argentina, Venezuela o Chile. En cada caso se destacan aquellas figuras que contribuyeron a la difusión de la Geografía en General, por su labor investigadora, institucional o académica. El segundo punto aborda el desarrollo de la Geografía Urbana. En primer lugar se subrayan las principales corrientes teóricas en las que se apoya, tales como los principios de la Ecología urbana de la Escuela de Chicago, y la teoría de la dependencia; aunque sin olvidar, también, la influencia de las escuelas europeas como la francesa. Se pasa revista, después, a las diferentes trayectorias investigadoras desde la puramente descriptiva a la cuantitativa, desde la ecológica a la marxista, pero todas, en cualquier caso, dominadas por la precariedad de recursos y, por ende, con planteamientos simples en el análisis de las diferentes temáticas. Finalmente, se presentan las principales figuras que, en países como Argentina, Venezuela, México, Chile y Brasil, contribuyeron en mayor medida al desarrollo de la Geografía urbana. El último punto se dedica a presentar los temas emergentes en el panorama de la Geografía urbana. Como causas de este nuevo escenario se destacan el retorno de geógrafos exiliados, la devolución del poder a la sociedad civil o la globalización de la economía y del conocimiento. Es en este contexto en el que se ha producido un enriquecimiento extraordinario de los estudios urbanos, manifestado en la diversidad de sus temas de estudio o en la proliferación de centros cuyo principal foco de atención son las ciudades. Y, aunque explícitamente no se mencione, parece obvio que las Cuadernos Geográficos, 40 (2007-1), 221-230

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nuevas tendencias desarrolladas en la Geografía Humana en General, y la urbana en particular, procedentes, principalmente, de la Geografía anglosajona, como la Geografía de la percepción, la Geografía Social y Humanista, la Geografía del género, tienen mucho que ver para explicar el panorama actual. Por ello, los temas que se aluden no difieren de los que aparecen en el devenir de la Geografía urbana de otras latitudes, tales como el interés por el papel de las ciudades medias, la desindustrialización de las ciudades, los nuevos centros comerciales, los barrios cerrados, el proceso de gentrificación de los cascos antiguos, el patrimonio urbano o la gobernanza en las ciudades. Llama la atención, sin embargo, que la problemática del medio ambiente urbano no se cite como una de esas líneas de investigación. En el capítulo Geografía económica, Rocío Rosales Ortega nos propone un interesantísimo panorama de la evolución reciente de este subcampo, desde la descriptiva de los primeros años y la de fuerte influencia marxista de las mediadas del s. XX, hasta la «nueva geografía económica», que se caracteriza por reinsertar el espacio en el estudio y explicación de las actividades económico-sociales que diferencian a cada territorio en un contexto de globalización, y hace reflexiones sobre recuperación por la geografía económica de una visión más compleja de la relación espacio, economía y sociedad que favorece una investigación geográfica más acorde con la realidad social que se analiza. De la misma manera, otro geógrafo mexicano, Cristóbal Mendoza, en el capítulo dedicado a la geografía de población, después de un análisis histórico y planteamiento de las principales temáticas y enfoques de la subdisciplina en cuestión, plantea unos nuevos «abordajes» teóricos y metodológicos. El autor señala que la consideración de la población como agregado, que ha sido una constante de la geografía económica, podría dar paso al estudio de agregaciones de individuos, realizadas a partir de sus características sociodemográficas, «explorando conceptos y dimensiones analíticas propias de la geografía, pero ausentes de geografía de la población, e incursionando en técnicas cualitativas como métodos de investigación. En el capítulo Geografías históricas y fronteras Perla Zusman incorpora a los temas tradicionales de esta subdisciplina los estudios de las fronteras, en particular las relacionadas con la historia de las Ameritas. El tema de las fronteras se aborda también en el siguiente capítulo «Geografía y Geopolítica» por Pedro Castro, que se centra sobre el pensamiento geopolítico en América Latina y aporta unas valiosas reflexiones sobre la integración de los estudios de inmigración en el temario de geopolítica. El siguiente capítulo, escrito por Joan Nogué, dedicado a Geografía política occidental, se dedica al análisis de los temas fundamentales en la historia de la geografía política —Estado, nación y lugar—, y otros que derivan de ellos, como el nacionalismo, el paisaje como elemento identitario y la dialéctica local/global. Estos dos últimos temas son, de hecho, temas transversales que están presentes en diferentes capítulos de la obra y se exploran desde diferentes enfoques. Así, dos siguientes capítulos (Geografía cultural y Geografía y Paisaje) profundizan el tema paisaje, por un lado, desde la geografía cultural (Federico Fernández Christlieb) y, por el otro lado, considerándolo como interfaz entre la sociedad y el medio ambiente (Marina Frolova y Georges Bertrand). De esta manera, el primer capítulo aporta un enfoque cultural Cuadernos Geográficos, 40 (2007-1), 221-230

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tanto en geografías anglo-sajonas y francesa, como en la mexicana y en América Latina, en general, y el segundo aporta un enfoque ambiental en geografía europeas, sobre todo en Rusia y Francia. En la segunda parte del libro se investigan los campos emergentes de la Geografía Humana: «Geografía y mundialización» por Jacques Lévy, «Geografía y desarrollo local» por Juan-Luis Klein, «Geografía y consumo» por Aurora García Ballesteros y Carles Carreras, «Geografía del genero» por María Dolors García Ramon, «Geografía de la vida cotidiana» por Alicia Lindón, «Geografía del turismo» por Daniel Hiernaux, «Espacio y lenguaje» por Lorenza Mondada, «Geografía y literatura» por Bertrand Lévy, «Geografía de las religiones» por Jean-Bernard Racine y Olivier Walter, «Geografía y violencia urbana» por Felipe Hernando Sanz y «Geografía y ciberespacio» por Liliana López Levi. Estos campos representan situaciones muy heterogéneas, en el sentido, que algunos de ellos han empezado constituirse desde hace unas décadas, pero no se han consolidado como campos de geografía humana (geografía del genero, geografía de la vida cotidiana, mundialización). Los otros que parecen clásicos en geografía, no están realmente consolidados, según los autores de capítulos, como por ejemplo es el caso de geografía del turismo, donde «los geógrafos no hayan logrado un consenso sobre su objeto específico de estudio» (p. 422) y siguen construyendo dinámicamente el campo. Por fin, en algunos «es francamente muy escaso lo dicho desde nuestra disciplina, o bien muy reciente (como lo de ciberespacio), pero a veces lo reciente no ha impedido que el debate y la construcción del pensamiento sea extensa» (p.17). En el capítulo dedicado a la Geografía y mundialización Jaques Levy destaca la «ausencia relativa» de este acontecimiento en la geografía e investiga el concepto de mundialización, abordándolo a través de algunas palabras claves: espacio, distancia, escala, métrica, lugar, área, territorio, mundo, etc. Algunos de estas nociones vuelven a considerarse en el capítulo Geografía y desarrollo local de Juan-Luis Klein. Este capítulo, junto con el capítulo 25 sobre la Geografía y ordenación del territorio (Luis Felipe Cabrales Barajas) que le complementa, presenta algunos retos importantes de la geografía para participar de una manera más activa en la gestión del territorio. En el capítulo Geografía y consumo se hace un análisis general de los problemas conceptuales y metodológicos de este campo, destacando su objeto de estudio y los cambios recientes que le afectan y que pueden ayudar a explicar las transformaciones y las dinámicas económicas y sociales actuales. El capítulo Geografía de la vida cotidiana de Alicia Lindón presenta de una manera muy sólida y fundamentada este campo emergente, aunque se destaque una notoria transversalidad respecto a todos los otros campos de la geografía. En el siguiente capítulo Daniel Hiernaux intenta definir el campo de geografía del turismo, sigue su evolución desde los años 1930 y hace énfasis en la reciente «culturización» de la geografía del turismo. Geografía y violencia urbana, el capítulo de Felipe Hernando Sanz, nos presenta la evolución que ha experimentado el análisis geográfico de un fenómeno de tanta importancia en la sociedad postmoderna como es el crimen y la violencia urbana. El trabajo de Felipe Hernando, profundo conocedor del tema, tiene el valor de ofrecer una síntesis bien documentada, en primer lugar, de los anclajes que sustentaron estos Cuadernos Geográficos, 40 (2007-1), 221-230

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estudios, tales como las escuelas cartográficas de criminología francesa, británica o la Escuela ecológica de Chicago; en segundo lugar, plantea las perspectivas con las que tema ha sido abordado por las diferentes corrientes geográficas, desde la corriente ecológica, pasando por la positivista, crítica y liberal, hasta llegar al eclecticismo (o mejor fragmentación) que caracteriza el panorama actual. Finalmente, nos propone un proyecto de sistematización para diferenciar los ámbitos temáticos de las investigaciones sobre delincuencia y violencia urbana. En este artículo, no obstante, se hecha en falta unas referencias a las aportaciones que, desde el campo de los GIS, se vienen realizando a estos temas. Baste citar algunos títulos, de reciente publicación, como GIS and Crime Mapping de Spencer Chainey (2005); Crime Analysis and Crime Mapping de Rachel Boba (2005); GIS and Crime Análisis de Fahui Wang (2005). El libro termina con cuatro capítulos, dedicados al ejercicio profesional del geógrafo: Geografía y cartografía, Geografía y sistemas de información geográfica, Geografía y ordenamiento territorial y La enseñanza de la geografía. El capítulo de Silvina Quintero sobre Geografía y Cartografía nos ofrece una interesante reflexión sobre el devenir de las relaciones entre Geografía y Cartografía, paralelo al discurrir de la evolución del pensamiento geográfico sobre el espacio, los retos con los que tiene que enfrentarse la nueva cartografía, ante el influjo de las nuevas tecnologías y los sistemas de información y, finalmente, un estado de la cuestión aplicado al caso concreto de América Latina. En un primer apartado se presentan las razones que llevaron a un claro distanciamiento entre el saber geográfico y el cartográfico, de manera que esta escisión hará que la Cartografía adquiera su propia autonomía. Gracias a ello la Cartografía enriquecerá su bagaje conceptual y metodológico y, de las cuestiones puramente técnicas se pasará al desarrollo de nuevas áreas, como la cartografía analítica, la semiología gráfica, la cartografía cognitiva, o la historia cartográfica. El mapa, sin embargo, siempre ha estado presente en el quehacer geográfico, aunque su funcionalidad ha variado según las diferentes tendencias geográficas. El apartado segundo se dedica a analizar este juego de relaciones. Así, durante el período clásico el mapa se convierte en el instrumento a través del cual se concreta la investigación; de alguna manera condicionaba áreas de estudio y temáticas. Con la implantación de la geografía analítica y crítica se produce un cambio, tendente a la elaboración de una nueva cartografía capaz de acomodarse a las nuevas nociones de espacio en el que se investigaba. Los mapas mentales se convierten en el nuevo instrumento mediante el cual es posible descubrir las relaciones entre sujetos y objetos espaciales. El artículo termina con un repaso sobre la relación cartografía-geografía en América Latina. Destaca el papel que vienen desempeñando los Encuentros de Geógrafos de América Latina (EGAL); estos serían los responsables del nuevo desarrollo experimentado, en paralelo con la introducción de los Sistemas de Información Geográfica. La autora vierte algunas críticas sobre el nuevo contexto, como la falta de reflexión teórica con el que se está produciendo la introducción de las TIG o el escaso desarrollo que todavía presenta la cartografía de carácter perceptual o cognitiva. El capítulo de Gustavo D. Buzai Geografía y Sistemas de Información Geográfica supone un esfuerzo por sintetizar las múltiples implicaciones que ha tenido el desarrollo Cuadernos Geográficos, 40 (2007-1), 221-230

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de la informática y su aplicación al campo de la Geografía. En este contexto general una idea principal se quiere dejar clara desde el principio: se trata de fundamentar la idea de que los SIG, a diferencia de lo que muchos creen, no han consistido simplemente en la incorporación de unas técnicas e instrumental al quehacer del geógrafo, sino que han permitido establecer «una interfaz de notable carga teórica, configurando una de las líneas más dinámicas del pensamiento geográfico actual». A esta idea sigue otra, especialmente importante, como es que gracias al desarrollo de los Sistemas de Información Geográfica, la Geografía puede recuperar su protagonismo perdido y llegar a convertirse en el núcleo central del conjunto de las ciencias sociales. Para fundamentar estas ideas se analizan los impactos generados por la informática en la Geografía a tres niveles: disciplinar, interdisciplinar y transdisciplinar. En relación a los impactos producidos en el desarrollo de la propia disciplina las nuevas tecnologías habrían generado dos nuevos campos de investigación: la llamada Geografía Automatizada y la Cibergeografía. La primera tendría, principalmente, que ver con la incorporación de las nuevas tecnologías a la metodología geográfica; si bien hay quien considera que la automatización ha ido más allá y ha supuesto, por ejemplo, el romper el muro entre las posturas idiográficas y nomotéticas, produciendo una integración de estas visiones geográficas. Más novedoso y de mayor futuro puede ser el nacimiento de la Cibergeografía, en cuanto que se trata de un nuevo concepto de espacio: el ciber espacio y, en consecuencia, del análisis de toda aquella serie de fenómenos relacionados con el mismo, como la distribución espacial de los equipamientos físicos de comunicación, las redes de comunicación creadas según diferentes fines: teletrabajo, comercio electrónico, hasta una nueva organización del sistema territorial y urbano, etc. El impacto interdisciplinario quedaría concretado en el nuevo concepto de Geografía Global. Para Buzai la incorporación de las tecnologías digitales a la Geografía han supuesto un cambio revolucionario y, por tanto, la formación de un nuevo paradigma. Los SIG se conforman como el lenguaje actual de la geografía y en tanto que es un lenguaje estandarizado, puede ser utilizado por otras ciencias sociales que abordan problemas espaciales; es aquí, donde la Geografía se convierte en Global al poder compartir su corpus teórico con todas ellas. Finalmente, los impactos transdisciplinarios quedarían recogidos en la formación de nuevos campos del conocimiento como las Ciencias de la Información Geográfica (CIG); las Ciencias Sociales Integradas Espacialmente (CSIE) y la Gecomputación. Estos campos vendrían a representar, por un lado, la importancia que han cobrado los SIG, no como simples herramientas o técnicas que facilitan tareas, sino como procedimientos que permiten una mayor y mejor comprensión de la lógica espacial y, por otro, la importancia que en la actualidad se le da al espacio geográfico en tanto que ya «no es considerado simplemente como contenedor de elementos, sino como una dimensión central del análisis socioespacial...» Así el espacio adquiere, de nuevo, el papel de protagonista, al ser un factor decisivo de los cambios que se operan en el mismo. En el capítulo Geografía y ordenamiento territorial Luis Felipe Cabrales Barajas, a través de un recorrido histórico de la disciplina científica y de la práctica administrativa de la ordenación del territorio en Estados Unidos, Europa y América Latina, demuestra que muchos de los problemas de desarrollo territorial otorgan a los geógrafos sus señas de identidad profesional. Cuadernos Geográficos, 40 (2007-1), 221-230

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El libro se cierra con las reflexiones de Bernadette Mérenne-Schoumaker sobre lo que es y lo que, según ella, debería ser La enseñanza de la geografía en la escuela secundaria, fundadas en cuatro cuestiones importantes: ¿qué objetivos perseguir?, ¿con qué conocimientos básicos?, ¿cómo enseñar? y ¿cómo evaluar los logros?. La autora concluye el capítulo, destacando la importancia de la enseñanza de la geografía, dado que esta disciplina permite abordar capitales problemas contemporáneos, como la fragilidad ecológica de los medios, la limitación de recursos no renovables, la mundialización, la urbanización, las grandes desigualdades económicas y sociales, etc. En definitiva, el Tratado de geografía humana, dirigido por A. Lindón y D. Hiernaux, constituye una obra interesante para un gran público que se destaca además por una coherencia de la mayoría de sus capítulos, una meta difícil, tomando en consideración que cuenta con colaboraciones de veinte y cinco autores de diferentes procedencias «geográficas» y disciplinares y que abarca unos campos de geografía muy heterogéneos... Marina Frolova Juan Jesús Lara

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